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​​Relaciones desconcertantes

Las relaciones que encuentran algunos investigadores entre cosas en apariencia desconectadas son desconcertantes; veamos tres casos de algunos estudios recientes. En el primero, John Coates, Mark Gurnell y Aldo Rustichini, tres científicos de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, hallaron que los negociadores bursátiles cuyo nivel prenatal de testosterona fue elevado tienden a ser más efectivos en sus transacciones financieras y más estables en sus cargos.

Curioso, ¿verdad? Esta coincidencia, sin embargo, es más o menos explicable pues la autoconfianza, la persistencia y la inclinación al riesgo parecen estar conectadas con la testosterona. Nuestro segundo ejemplo sí luce más extraño. Los mismos tres británicos encontraron que la relación entre la longitud del dedo índice y la longitud del dedo anular también está asociada con el éxito de los corredores de bolsa; mientras menor sea este cociente -más corto el índice o más largo el anular-, más productivos son estos personajes en su trabajo. 

El dedo índice es más pequeño que el anular en ambos sexos pero su diferencia de longitud es mayor en los hombres que en las mujeres, o sea que, proporcionalmente, los varones tenemos el índice más cortico y ellas el anular más largo. Me imagino que esta evidencia fue la que llevó a la comparación con las transacciones de bolsa pues la producción de testosterona es más alta en el sexo masculino que en el femenino.

Los científicos comprobaron en la muestra evaluada (corredores de Londres) que los agentes con una relación digital de 0.93 ganaron en comisiones durante el período estudiado diez veces más que aquellos con un coeficiente de 0.99. La evidencia estadística es tan abrumadora que la conclusión resulta inobjetable.

El tercer caso pasa de desconcertante a inaudito. Otro grupo de investigadores, esta vez de la Universidad Gachon en Incheon, Corea, bajo la dirección del doctor Tae Beom Kim, encontró que el mismo coeficiente (índice versus anular) es inversamente proporcional al tamaño del pene -mientras menor es la relación, más larga es la masculinidad-. (¿Está usted mirando su mano en este momento?)

Los coreanos tomaron las medidas orgánicas a 144 pacientes anestesiados que iban a ser intervenidos por problemas urológicos (la fuente no dice si con autorización previa de los dimensionados, o sin ella). Si enlazamos los dos estudios, el europeo y el asiático, se concluye que los hombres más arriesgados son también los más “penosos”, esto es, los más favorecidos por la naturaleza en la longitud de su “membrecía”.

El impacto del hallazgo inglés no se puede pasar por alto. La conexión encontrada se va a volver importante para todos los cargos que exijan seguridad en la toma de decisiones y gusto por las situaciones de riesgo. Los candidatos masculinos a esta clase de puestos no deberán sorprenderse si, en sus próximas entrevistas, les exigen mantener las manos visibles por encima de la mesa. El caza-talentos, con la posible ayuda de una cámara digital escondida, querrá determinar la relación del índice al anular, sobre todo cuando esté buscando con urgencia corredores financieros lanzados. 

Los efectos del descubrimiento coreano son más difíciles de predecir aunque bien pueden conducir a situaciones confusas. Imagínense el curioso dilema que podría enfrentar una reclutadora ninfómana que se percate del diminuto índice y el descomunal anular de algún aspirante a un cargo que requiere autoconfianza y coraje. Ella estará muy indecisa entre contratar a este superdotado inmediatamente o, más bien, descartarlo para evitar conflictos de interés, y cuadrar con él una cita personal después de las horas de trabajo.

 

Gustavo Estrada

@gustrada1



Autor de Hacia el Buda desde el occidente