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Personalidad y ser esencial

Nuestro ‘yo’ es la unión de varios agregados (cuerpo, señales sensoriales, percepciones…) que nos generan la certeza de que existimos y que se manifiesta como continuidad y consistencia en nuestro comportamiento. El ego redundante es la sumatoria de los condicionamientos mentales que resultan de deseos desordenados, aversiones y opiniones sesgadas. El ser esencial es lo que nos queda del 'yo' después de que los condicionamientos mentales los hemos  silenciado (si es que logramos hacerlo); en otras palabras, el ser esencial es el remanente del ‘yo’ inflado cuando le suprimimos el ego redundante.

En nuestro comportamiento, el ego redundante es lo que nos hace muy diferentes unos de otros; cada individuo condiciona su mente según su origen, crianza, su educación, la cultura donde crece y vive… Si mágicamente le recortáramos a un grupo de personas sus ‘egos redundantes’, ¿se comportarían todas ellas de una misma descontaminada manera como si fueran ahora metales puros a los cuales se les ha removido la escoria?

Aunque los condicionamientos que nos manejan son reales (si nos observamos con cuidado los encontramos) y su eliminación es factible (todos hemos dejado al menos una adicción), las nociones de ser esencial  y ego redundante son hipótesis que la ciencia aún no está en capacidad de comprobar o negar. No se han identificado aún los circuitos nerviosos ni las áreas de la corteza prefrontal donde el ser esencial y el ego redundante están codificados. Mientras que las instrucciones del primero se originan de nuestros genes, las del segundo provienen el mundo exterior (padres, amigos, maestros, publicidad, medios...). 

Nuestro ser esencial es nuestra personalidad ‘hipotéticamente’ pura y auténtica, resaltando que son pocos los individuos ‘descontaminados’ y libres de influencias dañinas; quienes se  encuentran en tan deseable estado no se vanaglorian de su desarrollo mental.

Hay numerosos cuestionarios para identificar nuestro tipo de personalidad. El modelo de las cinco grandes dimensiones es uno de los más reconocidos por los estudiosos de la conducta humana. No existen, en cambio,  clasificaciones de ninguna índole alrededor del ser esencial.

El modelo de las cinco grandes propone la determinación de la personalidad con base en cinco factores, cada uno de ellos estimado entre dos extremos: (1) sociabilidad (extraversión versus introversión), (2) apertura a la experiencia (temeridad versus cautela), (3) nivel de responsabilidad (escrupulosidad versus negligencia), (4)  interés por la armonía social (amabilidad versus suspicacia), y (5) nivel emocional (estabilidad versus ‘neurosticismo’). 

Varios estudios de mellizos idénticos han encontrado que las influencia genética y ambiental en nuestra personalidad son aproximadamente equivalentes para cada uno de los cinco factores. El factor donde los genes tienen mayor influencia es en la apertura a la experiencia (57-61% es el rango de los tres estudios revisados para esta nota) mientras que la dimensión con mayor impacto del medio se encuentra en el nivel emocional (52-59%). 

Cuando eliminamos nuestro ego redundante, el ser esencial se hace cargo de nuestra vida. Entonces, sin esfuerzo, sin ninguna clase de lucha para completar objetivos específicos o alcanzar determinados destinos, fluiremos espontáneamente con nuestra existencia, en la dirección que nuestras preferencias genéticas le trazan a nuestra personalidad. “El Orden Natural  no hace nada y, sin embargo, no deja nada sin hacer. Cuando la vida es simple, las afectaciones desaparecen y nuestro ser esencial brilla. Cuando no hay deseos desordenados, todo está en armonía”, escribió el filósofo chino Lao Tzu hace veinticinco siglos.

El ser esencial influye en nuestra personalidad en la medida que abre las puertas para que nos desplacemos en una dirección apropiada, que no es estándar o universal y que no implica calificativos de correcta o inadecuada. El ser esencial resulta de la sustracción de condicionamientos y el remanente genético es  diferente para cada individuo. En consecuencia, la respuesta a la pregunta  del comienzo de esta nota es negativa: No, definitivamente no, el comportamiento desde el ser esencial es individual y diferente cada persona.    

Y cuando nos movemos sin depender de condicionamientos innecesarios, lo ‘mejor’ -lo que ha de ser- de nosotros se expresa y las probabilidades de marchar en el ‘camino correcto’ son las ‘óptimas’. En cambio, cuando nuestro piloto es el ego redundante, nuestra personalidad se distorsiona y son el medio y los medios quienes manejan nuestra existencia.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Hacia el Buda desde el occidente
@gustrada1​

Gotemburgo, Julio 3, 2015


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