Skip Navigation LinksPausas-de-silencio

​​¿Por qué necesitamos silencios mentales?

Nuestra cabeza es un alboroto permanente. Si desprevenidamente alguien nos pregunta sobre lo que estamos pensando, las respuestas incluyen cosas como ‘tonterías’, ‘los líos en que ando’, ‘nada’ o ‘estaba elevado’. Los pensamientos neutros, tolerantes, indiferentes e ingenuos son inofensivos, excepto cuando no vemos el hueco en el andén.

Por otra parte, las ofuscaciones mentales, como resentimientos, remordimientos o angustias, nos llevan a denigrar o lamentarnos alrededor de problemas menores, incoherentes o carentes de solución. Necesitamos pues recreos de silencio mental y exámenes cuidadosos de los revoloteos interminables de nuestra cabeza. Pronto nos daremos cuenta que, al igual que los niños traviesos, la mente bulliciosa se queda quieta y callada cuando la miramos cuidadosamente.

El método más expedito para ‘aprender’ a observarnos es la meditación de atención total. Sus beneficios, ya comprobados en numerosos estudios, van desde la eliminación de migrañas, el aumento del umbral del dolor y el control de la depresión y el insomnio, hasta modificaciones en la forma como se comunican entre sí algunas regiones del cerebro, cambios estos que conducen a evoluciones favorables en nuestra manera misma de pensar.

No obstante la magnitud de tales resultados, el beneficio más importante de la meditación de atención total es el fortalecimiento de nuestra capacidad de concentrarnos. A pesar de sus notables dividendos, el porcentaje de personas que medita regularmente es reducido, menos del diez por ciento, incluyendo  otras técnicas cercanas a esta práctica (raja yoga, meditación trascendental, zen, taichí…).

Estos bajos porcentajes son comprensibles pues focalizar la atención es una tarea complicada. La mayoría de la gente reconoce su inhabilidad para sentarse inmóvil a observar su respiración, su cuerpo, sus sensaciones o su mente. Nuestro cerebro pareciera estar más diseñado para rodeos y ruidos mentales que para quietud y silencio. De acuerdo con investigaciones sobre el tema, alrededor del treinta por ciento de nuestro horario despiertos pensamos en cosas diferentes a las que estamos haciendo. Aún leyendo, actividad esta que exige concentración, dizque divagamos entre el quince y el veinte por ciento del tiempo.

​​Cuando logramos focalizar la mente y acallar sus ruidos con la ayuda de la meditación de atención total, nuestros condicionamientos dañinos (deseos desordenados, adicciones, aversiones, fobias…) se aplacan y abrimos espacio para que la mente se ocupe de los asuntos importantes. Es menos complicado de lo que parece pero demanda, en verdad, mucha disciplina. Aunque no debería ser así, tengo la impresión de que se necesitan problemas graves para que la gente se anime a meditar.

Con frecuencia me preguntan sobre dónde me encuentro yo en mi ruta hacia la atención permanente. Los curiosos no simpatizan con mi respuesta. La descripción del progreso en este sendero resulta inútil para alguien distinto del caminante. El sufrimiento o su ausencia solo son reales para quien los está sintiendo; ‘yo’ soy el único que puede sacar algo de ‘mis’ experiencias, ‘yo’ soy el único que puede observarlas. “No se guíen por lo que dicen los demás”, dice con énfasis el Buda. “Cuando ustedes sepan por ustedes mismos cuáles prácticas, al aplicarlas, conducen al bienestar y la armonía, solo entonces deben imitarlas y mantenerlas”.

¿Hay alternativas? Estrictamente no pero es mejor algo que nada. Sabemos bien que el ejercicio intenso es importante para la salud. Si por culpa de nuestras rodillas no podemos trotar pues al menos salgamos a caminar rápido. De la misma forma, si la meditación de atención total nos demanda demasiado tiempo o carecemos de un rincón tranquilo en nuestra vivienda, pues hagamos otras cosas que quizás le bajen el volumen a los ruidos (yoga, música clásica, oración silenciosa…) así no nos acallen del todo el alboroto cerebral.

Mantengamos abierta, eso sí y siempre, la alternativa de la atención total. Cuando nos aproximemos a ella a través de la meditación que, practicada con constancia la fortalece, aprenderemos que nunca debimos habernos movido tanto en nuestra búsqueda espiritual porque, con la sola observación cuidadosa de nuestro cuerpo, nuestras sensaciones y los movimientos de nuestra mente, hubiéramos llegado pronto al ‘allí’ del cual nunca debimos habernos alejado. Y una anotación más: Con atención total, siempre notaremos los huecos en los andenes.

Gustavo Estrada
Autor de ‘INNER HARMONY through MINDFULNESS MEDITATION’
www.harmonypresent.com


​​​

​​

​​​​