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​​ ​¿Tiene usted necesidad de Di​o​​s?

Hace décadas conocí en Budapest a un brillante y educado joven socialista a quien solo traté durante seis días.  Su vasta cultura, su sosegado equilibrio y su español impecable abrían espacio para agradables conversaciones. Mi afortunado encuentro ocurrió durante la semana santa cristiana y el diálogo con tan especial personaje tenía que pasar por los vericuetos de la fe y la incredulidad.

- ¿Crees en Dios? -le interrogué cuando llegó la oportunidad.
-Tu curiosidad por ‘mi creencia’ está mal planteada -respondió reposadamente. La pregunta correcta debe ser por ‘mi necesidad’.
- ¿Tienes necesidad de Dios? -insistí entonces, adaptándome a su formato.
- No, no la tengo -exclamó mi fugaz amigo con una ecuanimidad que pocas veces he visto en devotos creyentes respondiendo a preguntas similares.

¿Tenemos necesidad de Dios? La respuesta, supongo, es afirmativa para la gran mayoría de los devotos y negativa para la totalidad de los no afiliados a ningún dogma. Aunque bastante menor que la gran masa creyente, este último grupo, alrededor de mil millones de personas, permite aseverar que la religiosidad es una característica discrecional y, como tal, carece de raíces genéticas. 

Por nuestra inquieta naturaleza, los humanos siempre demandamos explicaciones que frecuentemente aceptamos así no sean estructuradas ni comprobables. ‘Dios’ es la respuesta más fácil para todo fenómeno incomprensible. La intervención divina siempre será  más sencilla de ‘entender’ que la teoría del big bang, la selección genética, o la formación inicial hace dos mil millones de años de las células básicas ​de los organismos complejos, conocidas como eucariotas​.

A diferencia de la religiosidad, que es personal, la religión es cultural. Así como las características físicas se transmiten en los genes, los comportamientos se traspasan por los memes, vocablo este acuñado por el biólogo Richard Dawkins para referirse a los ‘genes’ de los grupos sociales. Al igual que los genes, los memes también ‘luchan’ por su supervivencia y, para propagarse, se apoyan en las inclinaciones y los condicionamientos humanos, con ayuda mayor de los medios y la publicidad. La influencia de los memes en un grupo es tan poderosa como la de los genes en un individuo. Esto es particularmente cierto en la propagación y mantenimiento de los memes de la religión. De acuerdo con el filósofo estadounidense Daniel C. Dennett, “las religiones son fenómenos culturales extremadamente bien diseñados que han evolucionado para sobrevivir”.

Muchos eruditos sostienen que, con la comprensión creciente de la materia, de la vida y del universo, las religiones están en camino de extinción. Están equivocados. La participación religiosa en la mayoría de países sigue siendo muy elevada, siendo Europa occidental la gran excepción geográfica mientras que los países musulmanes y cristianos, y la India, son la confirmación de la regla.

Ni las acciones gubernamentales, sean escarnio, prohibición o persecución, ni el desarrollo de la tecnología o las ciencias parecen afectar el fervor religioso. Ni siquiera los largos períodos de ‘abstinencia espiritual’ forzada por regímenes totalitarios, como ocurrió en las sociedades comunistas bajo la tutela de Moscú,  han logrado apagar las llamas de la fe. En el concierto de las naciones, Estados Unidos es simultáneamente el país de vanguardia en aplicación de tecnología (con los consecuentes avances materiales) y el segundo con mayor participación religiosa. 

​Según el ‘Pew Research Center’, un ‘think tank’ con sede en Washington, para el año 2050 habrá 2.920 millones de cristianos, 2.760 millones de musulmanes, y 1.380 millones de hinduistas con crecimientos respectivos de 34,6%, 72,5% y 34.0% en relación al 2010. Los no afiliados llegarán a mitad de siglo (yo no llegaré, por supuesto) a 1.230 millones con un modesto aumento del 25,2% en el mismo período.

En consecuencia, la pregunta del co​mienzo de esta nota seguirá vigente por muchas décadas más. ¿A cuál de los grupos pertenece usted, estimado lector? ¿Al de la abrumadora mayoría religiosa que venera a Dios, a Alá o a Brahma? ¿Al de los disidentes de esa mayoría que, por lógica científica, rebeldía o indiferencia, no creen en entidades metafísicas? ¿O tal vez a esa ‘inmensa’ minoría despreocupada que, como mi amigo de Budapest, simplemente no tiene necesidad de Dios?

Gustavo Estrada
gustrada1@gmail.com 

@gustrada1
Atlanta, mayo 18, 2015 

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