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Alan M. Turing (1912-1952) 

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¿Pueden las máquinas pensar?

Alan Turing –matemático, filósofo, criptógrafo, maestro de la lógica– es considerado el padre de la inteligencia artificial (la simulación de la inteligencia humana en las máquinas) y de la teoría de las ciencias de computación (los fundamentos teóricos de la informática). Los anteriores títulos son de conocimiento generalizado. Por las ideas que el matemático concibió para la construcción de equipos con capacidad de aprender, su nombre también podría agregarse a la lista de los pioneros de la neurociencia evolutiva (el estudio de la evolución de los sistemas nerviosos).

Escribió Turing: “Asociamos castigos y recompensas con el aprendizaje. Se pueden construir máquinas ‘infantiles’ simples con base en esta especie de principio. Estas máquinas tienen que hacer poco probable la repetición de los eventos que precedieron la aparición de una señal de castigo y muy probable la repetición de eventos que condujeron a señales de recompensa”. Según el neurocientífico Dwayne Godwin, estas ideas “presagiaron la comprensión moderna de la manera cómo las neuronas aprenden y se adaptan, a través de la flexibilidad de las conexiones interneuronales”. 

 “Es posible construir o programar máquinas sencillas alrededor de este concepto”, dijo Turing en “La maquinaria de computación y la inteligencia”, un importante y breve tratado escrito en 1950, que ha sido fundamental en el desarrollo de la inteligencia artificial. Esta ‘sencillez’ ha de resultar ‘fácil’ únicamente para genios visionarios como él. 

En su reconocido trabajo el autor analiza la pregunta “¿Pueden las máquinas pensar?” que, con el tiempo, se volvería tema permanente de discusión entre científicos y filósofos. Como maestro de la lógica, Turing consideró vaga la manera de plantear el asunto pues el verbo ‘pensar’ y el sustantivo ‘máquina’ son vocablos  con múltiples acepciones y amplios significados.

Como alternativa a la abstracta pregunta, Turing se inventó “El juego de la imitación” (“The Imitation Game”, también título en inglés de “Descifrando enigma”, una película de actualidad). “El juego de la imitación” se convirtió con el tiempo en el célebre ‘test de Turing’. En esta prueba, si un interrogador, después de hacer numerosas preguntas a un computador A y a una persona B, sin verlos ni saber cual es cual, no logra identificar quién es A y quién es B, A tiene que ser una máquina que piensa. Cuando esto sucede, el computador gana; en caso contrario, el indagador es el triunfador del juego.

Alan Turing vaticinó que “en unos cincuenta años (ya pasaron) existirán  computadores tan expertos en su test que siete de cada diez examinadores no lograrán distinguir entre computador y persona tras un interrogatorio de unos cinco minutos”. ¿Llegarán las máquinas a ‘vencer´ al noventa y nueve por ciento de los participantes?

Todavía no. En el 2011 Watson, un sistema de inteligencia artificial desarrollado por la IBM con capacidad para contestar cuestionarios planteados en lenguaje natural, derrotó en 'Jeopardy!', un famoso concurso de preguntas y respuestas de la televisión norteamericana, a los concursantes estrella de ese momento. No obstante, hubo al menos una pregunta que Watson respondió tan equivocadamente que cualquier interrogador inteligente hubiera detectado que quien estaba respondiendo era un aparato ‘descoordinado’ y no una persona ‘razonable’.

El paso del pensamiento a la consciencia hace el problema de ‘si las máquinas piensan’ aún más complicado. “No hasta cuando una máquina escriba un soneto, y sepa y disfrute lo que ha hecho, podremos decir que el equipo ha igualado al cerebro humano”, dijo en 1949 Geoffrey Jefferson, un neurólogo inglés, representante de una corriente filosófica conocida con la rara denominación de solipsismo, que rechaza toda posibilidad de pensamiento en las máquinas.

Sin ignorar el misterio de la consciencia, Alan Turing sostuvo que no es necesario resolverlo para evaluar la capacidad de razonamiento de los computadores. “Según los solipsistas extremos, la única forma de saber si una máquina piensa es siendo la máquina misma”, anotó el filósofo.

Quizás los diseñadores de hardware y software nunca construirán robots que escriban sonetos  y estén conscientes de que lo han hecho.  No hay duda, sin embargo, de que en algún momento, más temprano que tarde,  existirán equipos que consistentemente ‘pasarán’, casi cien por ciento de las veces, el famoso test que lleva el nombre del héroe de esta nota. ¿Tendrán consciencia tales equipos? Buena pregunta para plantearle a los computadores inteligentes.

Gustavo Estrada
​​@gustrada1