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​​Los riesgos de los rituales y la meditación

Cuando alguien atraviesa por estados alterados de consciencia, como pueden ocurrir durante una sesión de meditación profunda, se vuelve vulnerable. La conmoción neuronal de estos estados se traduce en una especie de anarquía mental durante la cual sus creencias  pueden afectar sus sentidos y su interpretación de la realidad. Si un charlatán dirige el evento, el afectado puede terminar sometiéndose a su voluntad. El ‘diseño’ de la meditación del Buda –la meditación de atención total– controla tan riesgosa situación.

La frecuencia de la actividad eléctrica del cerebro en estado de vigilia se encuentra entre doce y treinta ciclos por segundo. Esta frecuencia, conocida como ritmo beta, disminuye cuando la gente se relaja, reza o medita. Cualquier estado que se desvíe significativamente del ritmo beta es un estado alterado de consciencia.

En algunos estados alterados (como sucede en los sueños) los afectados pueden presenciar eventos que no están ocurriendo. Esta distorsión es inofensiva, excepto cuando los sujetos consideran reales las ficciones. Durante los ritmos no-beta, las creencias de los involucrados son determinantes en las ilusiones construidas por su cerebro; los seres metafísicos de su fe –dioses, ángeles, santos…– pueden manifestarse en la alucinación. Cualquier cosa que suceda durante la experiencia se transforma en una manifestación sagrada.

Los éxtasis místicos son estados alterados que pueden producirse durante la oración piadosa y los rituales de carácter religioso. El misticismo es común a todas las religiones y los místicos de los distintos credos pasan por experiencias paranormales que están más allá de la comprensión corriente. Cada místico interpreta sus arrobamientos como intervenciones directas de sus correspondientes divinidades.

Los éxtasis también pueden ocurrir durante la meditación. Si detrás de esta hay creencias y agentes deshonestos, suceden cosas anómalas. Los falsos maestros asumen autoridad sobre sus ‘súbditos’ y los manipulan de maneras perversas: financieramente, sexualmente, físicamente… Hechos similares se presentan en los manejos de numerosas sectas y cultos. Adicionalmente, tales intermediarios torcidos harán hasta lo imposible para esclavizar a sus creyentes y cerrarles cualquier posible ruta de escape.

Los fundamentos de la meditación de atención total controlan la manipulación de las creencias por intermediarios indecentes. En el ejercicio de la meditación de atención total no hay figuras autoritarias (maestros espirituales, clarividentes, enviados, gurús…). Aunque unas  instrucciones escritas o grabadas son suficientes para que muchas personas comiencen la práctica, el apoyo de instructores, escuelas o centros de entrenamiento rectos puede resultar útil, especialmente durante las primeras sesiones, mientras el aprendiz logra ‘volar solo’.

La observación imparcial de la respiración es la instrucción estrella de la meditación de atención total; no hay espacio para malentendidos alrededor de esta sencillez. Cuando los estudiantes avanzan suficiente, pueden optar por sostener su atención en partes del cuerpo o en las sensaciones. Y esto es todo. La utilización de otras anclas artificiales para focalización, tales como imágenes, símbolos, cánticos o mantras, es incompatible con la meditación de atención total.

Nunca podrá haber demasiado énfasis en el carácter no religioso y no comprometido de la meditación de atención total. Los meditadores no necesitan entender ni evaluar los eventos que están transcurriendo; desprevenidamente, ellos deben tan solo contemplar las cosas como vienen y van.

La intención fundamental de la práctica es mejorar la capacidad de observación atenta. Y el único propósito de la observación atenta permanente,  segundo a segundo en la vida diaria, es la reducción y eventual eliminación de la ansiedad y el estrés –el sufrimiento budista–. No hay creencias en entidades inmateriales ni en eventos metafísicos detrás de la meditación de atención total; no hay rituales simbólicos ni reverencias a ningún ser. Esta neutralidad es la diferencia primordial  entre la meditación de atención total y la oración.

¿Tiene la gente que abandonar su religión, negar su doctrina, ausentarse de sus templos, o suspender sus ceremonias religiosas antes de comenzar a meditar? Por supuesto que no; sin buscarlo, los practicantes en algún momento mirarán sus dogmas con ojos diferentes. La meditación de atención total no pretende cambiar creencias actuales ni sembrar creencias nuevas. No obstante, la actitud hacia la cual la gente  evolucionará espontáneamente será de comprensión, tolerancia e imparcialidad. ¡Qué tal recompensa! Si los aprendices hacen las cosas bien, no hay riesgo alguno en la meditación de atención total... Y sí se manifestarán muchos beneficios, de forma inesperada.

 


Atlanta, septiembre 24 de 2014

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