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 Libre albedrío, ser esencial y conciencia

Albedrío es la voluntad manejada por los caprichos en vez de la razón. Sus cuatro vocales en secuencia ascendente -aeío- hacen de albedrío un vocablo sugestivo y melodioso. Con la adición de 'libre', la palabra se vuelve rimbombante para significar la potestad de obrar por reflexión y elección que, atribuida a los humanos, nos hace responsables y auto-controlados. ¡Qué bárbaro! Pero, dejando de lado la atracción y el poder de las palabras, ¿poseemos realmente libre albedrío? ¿Tengo 'yo' libre albedrío? Pues parece que no. O quizás menos de lo que nos enseñaron.

En las décadas recientes varios experimentos han demostrado que en nuestro cerebro las órdenes neuronales para ejecutar cualquier tarea (ir al cine, salir de compras, llamar a alguien) se emiten antes de que sepamos lo que vamos a hacer. Las observaciones de la actividad cerebral, mediante electrodos conectados a la cabeza y gracias a la sofisticada tecnología de imágenes, confirman la secuencia: Las neuronas involucradas primero imparten instrucciones a los músculos para que actúen, después le cuentan a la corteza pre-frontal (el asiento del sentido de identidad) lo que ya decidieron, y luego ocurre la acción. El yo, desconocedor de la cadena de micro-eventos, permanece convencido de que él inicia todas las decisiones.

El yo, el arreglo supremo del cerebro, consiste de un súper-complicado (y hasta la fecha incomprensible) software neuronal que se auto-programa todo el tiempo a partir de nuestro nacimiento y se auto-ejecuta por el resto de nuestros días, hasta cuando el hardware (la máquina, nuestro cuerpo) clausura actividades. La auto-programación gira alrededor de condicionamientos o formaciones mentales, las rutinas de comportamiento, tanto físicas como mentales, que aprendemos a propósito o adquirimos involuntariamente.

Desafortunadamente tenemos limitado control sobre esa compleja auto-programación. En el proceso se registran por igual condicionamientos provechosos como desprendimiento, humildad, afecto o tolerancia, o condicionamientos perjudiciales como avaricia, arrogancia, odio o intransigencia; estas formaciones mentales son el molde de todas nuestras preferencias y de todas nuestras antipatías. Las primeras, que tienden a ser naturales, conforman nuestro ser esencial; las segundas, que suelen ser adquiridas, constituyen nuestro ego redundante.

Si tuviéramos libre albedrío, dicen los suspicaces, no habría alcohólicos, drogadictos, tahúres, obsesivos u obesos. Y si no tenemos libre albedrío, preguntan los juristas, ¿cómo determina una sociedad la moralidad o inmoralidad de las acciones de sus integrantes? ¿Acaso somos títeres a quienes no pueden juzgarnos por la inevitabilidad de nuestros actos?

Las formaciones mentales perjudiciales -los deseos desordenados y las aversiones- son especies de cucarachas (virus, software espía, ventanas intrusas, correos indeseados) que se cuelan en nuestro computador cerebral y, cuando menos lo pensamos, se apoderan del equipo. Las formaciones perjudiciales conforman el ego redundante y manejan nuestra voluntad; cuando ellas nos controlan carecemos de libre albedrío.

¿Cómo manejamos estas cucarachas mentales? ¿Cuál es el equivalente humano de los programas antivirus y antispam?  Según el Buda, las formaciones dañinas las controlamos mediante la aplicación permanente de la atención total a nuestro cuerpo, nuestras sensaciones y nuestros estados mentales; allí se manifiestan los deseos desordenados y las aversiones. En el ejercicio de la atención total, actuamos desde nuestro ser esencial, siempre moral. Los fastidiosos bichos -los condicionamientos perjudiciales- se aquietan cuando son vigilados por el ser esencial.

En un contexto diferente, Francisco I expresa la misma idea. En una carta reciente enviada a la Repubblica, el diario italiano de mayor circulación, el Papa enfatiza la importancia de la observación interior. A la pregunta de si Dios perdona a quien no cree o no busca la fe, el Sumo Pontífice responde que "el asunto para quien no cree en Dios radica en la obediencia a su propia conciencia; escucharla y acatarla significa tomar una decisión frente a aquello que se percibe como bueno o como malo. Y en esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestras acciones".

En resumen, cuando actuamos desde nuestra conciencia -desde la auto-observación permanente-, seamos cristianos, budistas o ateos, todos tenemos libre albedrío. Si, en cambio, nos dejamos manejar por el ego redundante, pues ahí sí nos lleva el diablo.

 

Gustavo Estrada
@gustrada1

Autor de 'Hacia el Buda desde el occidente'

gustrada1@gmail.com

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Comentarios recibidos por correo electrónico

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Hola, estimado Gustavo.

Tuve ocasión de leer tu artículo sobre el libre albedrío y me gustó muchísimo. La experiencia que citas en la que, en cualquier conducta, la orden cortical al músculo precede a la formación de la imagen y la decisión de llevar a cabo dicha conducta, me parece muy interesante. Yo mismo lo he comprobado mediante la observación de mí mismo. Y es un hecho que he comprobado personalmente, que la poca disposición al libre albedrío que podemos tener los humanos, depende del grado de conciencia de sí que cada uno desarrolle.

 

Felíx Cantoni Ibarra MD

Médico Psiquiatra Psicoterapia Psiconalítica

www.felixcantoni.com.co

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Muy buena acogida a tu columna, Gustavo, en nuestro Club de Lectura.
Un abrazo y felicitaciones por tu asertividad en todos estos temas.
 
 
RPE
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Extraordinaria columna. Exacta. Yo siempre he dicho que una de las expresiones más mentirosas es la proferida por muchas personas: "Yo hago lo que me la gana". Cuán equivocado están. Esa es una actitud soberbia y totalmente falsa, e inaceptable que finalmente se derrota a si misma puesto que si aparece un contrincante con la misma actitud y distinta ideas ahí empieza el enfrentamiento con resultado siempre feo. Cruento o final trágico muchas veces. Gracias Robe. Yo lo compartí en mi página en facebook para que esté a disposición de todos mis contactos. 
Julio Marcos 

 

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Estimado Columnista:

Me agradó mucho su columna "Libre albedrío, ser esencial y conciencia", y su análisis desde el punto de vista neurológico e informático. Me tomo la libertad de hacerle uno comentarios desde una perspectiva diferente:

El libre albedrío es un asunto que está en amplia discusión en el ámbito matemático y científico, y se especula (con alta probabilidad de ser cierto) que el universo sea una enorme "autómata celular" gobernado por una clave interna que se constituiría en la "Teoría de Todas las Cosas", tan buscada por los físicos teóricos.  De ser esto cierto, esta clave se constituye en un programa determinista que tiene profundas implicaciones sobre el libre albedrío, porque todo lo que pasa en el universo sería producto derivado del desarrollo de esta ecuación. Dicen los matemáticos defensores del libre albedrío, que en el desarrollo de la clave interna, el "software" que gobierna el universo tiene desarrollos impredecibles, donde entraría el libre albedrío para determinar el resultado de una acción, pero el hecho de ser impredecible no elimina que el resultado es determinista e inevitable. Este tema lo discuto (al final) en una novela policíaca que recién he escrito (en proceso de publicación, de la que le adjunto una copia personal en pdf por si le interesa leerla) y en la cual esta clave interna que gobierna el universo llega a ser descubierta por los protagonistas, con consecuencias que son el tema del relato.  En el libro cito en pie de página referencias de trabajos científicos recientes donde se discute el "Universo Computable".  La novela ha tenido varios lectores, entre ellos otro ingeniero químico de la Universidad Nacional, profesor en Canadá (Jairo Gastón SánchezAcademie Québecoise de ‘Pataphysique), a quién no conozco personalmente.

Alvaro Orozco 

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Apreciado Gustavo. El tal libre albedrio no existía en America hasta cuando llegaron los curas españoles y lo establecieron para justificar todos aquellos actos en los cuales la gente se pregunta “por que dios permitio esa tragedia”? porque el hombre tiene “libre albedrio……si en cambio que nos hubieran conquistado los españoles lo hubieran hecho los árabes musulmanes, no existiría el libre albedrio….ese es un invento de los curas. En America tampoco existía el pecado solamente hasta que los curas españoles lo establecieron.

Ahora, si nos referimos a hechos en los cuales intervino dios podemos ir a la biblia y encontrar varios pero, que me dice después que escribieron la biblia? En cual hecho ha intervenido dios para bien o para mal? Por que no intervino y salvo a los 6 millones de judíos que tanto rezaron y que finalmente los alemanes los cocinaron en sus hornos?

En cuanto a los términos que usted usa en su articulo como:

1-      los condicionamientos perjudiciales– se aquietan cuando son vigilados por el ser esencial.

2-      Las formaciones perjudiciales conforman el ego redundante y manejan nuestra voluntad.

3-      los condicionamientos perjudiciales– se aquietan cuando son vigilados por el ser esencial.

4-      cuando actuamos desde nuestra conciencia –desde la autoobservación permanente–, seamos cristianos, budistas o ateos, todos tenemos libre albedrío……

Creo que todas esas afirmaciones son de su propia inventiva y que no es applicable al comun de las personas.

Yo nunca he necesitado citar el libre albedrio, ni me interesa ni veo la importancia de su uso. Sera que los árabes que quieren examinar a los turistas metiéndoles un detector por el ano para saber si son homosexuales y asi negarles la entrada….sera que ellos utilizan su “libre albedrio” para desconocer las normas mundiales sobre el respeto a otros seres humanos?

Atte. Ing. F. N.

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Me extraña Gustavo que afirmes que existe el libre albedrío. Como budista, o seguidor del Dharma del Buda, deberías tener claro que eso solo es una ilusión. Federico

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Federico: Cuando te sientas a meditar por una hora o una semana (sobre todo las primera vez) estas ejerciendo tu voluntad (y de paso estas apagando poco a poco los condicionamientos que te esclavizan).

La originacion (no estoy de acuerdo con todos sus pasos) tiene dos partes. En la primera (when this is, that is. From the arising of this comes the arising of that) las formaciones mentales nos manejan. La segunda nos ofrece la posibiidad de apagar las formaciones mentales. (When this isn't, that isn't. From the cessation of this comes the cessation of that).

Gracias por tu observacion. GE

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Gustavo, la voluntad es condicionada así que no entiendo a que se debe la primera observación.

En cuanto al segundo párrafo siguen siendo procesos impersonales donde no hay un yo, entonces como podría alguien decidir algo? Y si convencionalmente denominamos "yo" a un conjunto de agregados igualmente es totalmente dependiente del "no-yo" (o sea de todo el resto del universo que no es el yo) y sigue siendo totalmente condicionado. Federico

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Gustavo, he leído todos tus escritos que me parecen siempre muy acertados e interesantes e incluso en su momento consideré comprar tu libro. Como aprecio mucho todos tus análisis quiero decirte, sin que te lo tomes a mal, que lo que dices de un "ser esencial" va en contra de todas las enseñanzas del Buda. Supongo que ya lo sabés, sin embargo, nunca te leí expresar tu desacuerdo con el Buda.

Considerando que opinás que existe un "ser esencial" se puede entender que creas en el libre albedrío pero no así que estés de acuerdo con el Dharma.

Nada más por aquí. Solo quería hacer esa observación ya que, para serte sincero, me quedé muy sorprendido.

Saludos!

Federico

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Federico:

"Creo" que la opcion de salir del sufrimiento a traves de la auto-observacion (que se ejercita con la meditacion) es algo que seleccionas o ignores. Me parece (puedo estar equivocado) que ahi hay voluntad.

En cuanto al Segundo parrafo, tambien "creo" que hay un ser esencial (que es espontaneamente libre) y un ego redundante (el software sobrante) que hace un esclavo del individuo... Ese es el que puede "eliminar"; el otro (con el respeto de los budistas) tambien se puede reducer a casi cero pero no todos nacen para ser ermitanos.

Saludos, GE 

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Me permito comentarte este artículo, de gran interés académico y hasta teológico, aunque sin duda sin gran importancia práctica. Al final, las cosas sn como son, las entendamos o no!

Tu hipótesis de que la actuación libre (solo) viene del ser interior o íntimo, a diferencia de la actuación condicionada del ego, se contrapone con los planteamientos de los representantes del advaita (por ejemplo Balsekar y Sri Nisargadatta Maharaj) y del new advaita (especialmente Nathan Gill), así como de los del Buda, que negó la existencia de un alma o individualidad de conciencia. En síntesis, su planteamiento es que si no hay yo (que sería solo una ficción de la mente) no hay nadie que pueda actuar libremente (o no). Como decía Balsekar, como no existe un yo individual, no se plantea la cuestión del libre albedrío, porque, ¿quién existe para tener o no libre albedrío? Esto también lo expone claramente Wei Wu Wei (“All else is bondage”, y otros textos). Por su parte, Krishnamurti afirmaba que la acción correcta solo podía surgir de un estado de total atención pasiva (choiceless awareness), es decir, evitando la reacción de la mente condicionada, o lo que él decía: actuar desde el contenido de la memoria, que contrastaría contra la necesidad de una acción espontánea y fresca momento a momento.  Pero en este caso, la acción no obedecería al individuo (independientemente que esté o no pesadamente condicionado) si no que sería algún estado superior de conciencia, o quizás una conciencia a-la-Jung, que actuaría por uno. De ser así, podría pensarse que tal actuación “entonces no cuenta”.

Más allá de lo que opinan otros pensadores, el tema tiene varias aristas que se deben analizar al tiempo:

Si el condicionamiento que demuestra la ciencia biológica es o no todopoderosa. Al respecto, también es interesante leer al geneticista Richard Dawkins, que llega  a la misma conclusión de los experimentos mencionados por ti.

Si existe un yo independiente del condicionamiento celular, genético, biológico, sicológico y cultural, es decir, si podemos o no tomar decisiones libres y exentas de la influencia de todos los factores que nos construyen como persona. En mi opinión, obviamente no. Digo obviamente, porque precisamente son esas influencias las que construyen nuestro yo o ego interno.

Si nuestro yo o ego (y cuerpo, mente, etc.) puede independizarse del medio en el cual existe y opera: Caso contrario, sería imposible hablar de una actuación o toma de decisiones libre de toda influencia, y nuevamente tendríamos que aceptar este especie de automatismo de nuestras decisiones y acciones.

Si en realidad no es más bien un Todo el que opera (conciente o no) y por lo tanto, nuestras acciones y decisiones serían solo parte del equilibrio de ese Todo.

 

Al fin, mi propia introspección me lleva a concluir que no existe el libre albedrío en nuestra decisiones o acciones. No solo porque la ciencia apunta poderosamente hacia esa conclusión, sino por el resultado del siguiente análisis, que he hecho muchas veces y que cualquiera puede hacer si se toma el tiempo necesario: si analizamos cualesquiera de nuestra decisiones más importantes en el pasado (con quien nos casamos, qué estudiamos, qué casa compramos,  etc.), rememorando con detalle sus circunstancias, descubriremos que estas fueron determinadas por tales circunstancias del momento (suma total de las energías manifestadas dentro y fuera de nosotros): los deseos, las expectativas, la presión de otros, las necesidades económicas o emocionales, la memoria y la suma de lo que éramos en ese momento, etc., etc. Entonces, es obvio que si volviéramos a estar en la misma situación (sin el beneficio del resultado de la experiencia que emana de la decisión tomada), tomaríamos la misma decisión!  En otras palabras, las opciones alternativas son solo teóricas! Es cierto que en “el papel” pareciera que pudiéramos haber elegido otra casa, otro carro, otra carrera u otra esposa, pero como nuestras decisiones no son aisladas en el vacío, tal “otra” elección es solo una posibilidad teórica. Puestos en las mismas condiciones exactas, siempre tendríamos que optar de la misma forma!! Solo un cambio en alguna de las condiciones que nos definen en cada momento (genética, memoria, etc.) podría generar un resultado distinto en nuestro proceso “electivo”, pero entonces no sería la misma realidad o condición. Seríamos otro yo. Esta posibilidad de “automatismo” parece horrorizar a muchos, pero no quiere decir por ello que “todo esté autodeterminado”. Solo el momento siguiente está condicionado por la suma de las condiciones del presente. Pero la realidad se construye de momento a momento, solo que no hay aportes individuales!! Esa es la ilusión de la cual los Maestros nos advierten.

Quedaría aun por discutir si le indeterminación cuántica de Heissenberg opera o no en este nivel de las decisiones! Saludos!

Mauricio Olivera