Skip Navigation LinksDónde reside el yo

​¿Dónde reside el ‘yo’?

La noción de identidad, según el psicólogo Daniel Kanheman, se manifiesta en nosotros desde dos perspectivas diferentes: Un ‘yo vivencial’, que opera de instante en instante, y un ‘yo recordador’, que puede narrar los momentos (no todos) que su contraparte ha experimentado así como planear (no siempre) los que vienen en camino. Si, como bien lo saben los neurólogos, todo ocurre en el cerebro, ¿dónde residen allí estas manifestaciones de la individualidad?

La corteza pre-frontal, la región delantera de la parte frontal de nuestro cerebro, es responsable de la planeación de nuestras actividades, el registro de lo que conocemos y el control de nuestro comportamiento social. La corteza sensorial, la parte posterior del cerebro, entre otras tareas, procesa las señales visuales, auditivas, olfativas y de contacto.

El yo que recuerda y coordina está ubicado en la corteza pre-frontal; el yo que atraviesa por el día a día, en cambio, no parece encontrarse en ninguna parte. “Por extraño que parezca”, sostiene el doctor Kanheman, "yo soy mi yo recordador; el yo vivencial, el que hace mi vidaes como un extraño para mí”. Y más extraño aún: El yo recordador puede desvanecerse –disolverse- sin necesidad de dormirnos, anestesiarnos o consumir drogas. Y, aparentemente, cuando el yo recordador está apagado, disfrutamos más de las cosas buenas.  

¿Cómo han llegado los investigadores a tal conclusión? Un grupo de científicos del Instituto Weizmann de Ciencia en Israel puso a los participantes de un estudio a ver una película, de esas ‘agarradoras de la atención’, con el fin de observar la actividad cerebral en imágenes logradas por resonancia magnética. Durante la proyección, las evaluaciones mostraron que en los cerebros de los voluntarios, mientras la corteza sensorial mostraba muchísima acción, la corteza pre-frontal, donde reside el yo recordador, estaba casi apagada.

Bien sabíamos que el yo recordador se desentiende por completo de las sensaciones corrientes (el contacto de la ropa o de la silla donde estamos sentados) pero ¿ignorar una buena película? La poca actividad allí registrada, supongo, es la que nos permite recordar la cinta pero, si no se la contamos a alguien pronto, es posible que la olvidemos por completo.

El papel del yo recordador en la corteza pre-frontal no es pues percibir todas las sensaciones que le llegan sino filtrar lo insignificante (la mayoría) y seleccionar lo que nuestro organismo como un todo necesita para tomar alguna decisión, productiva o correctiva, cuando sea del caso. Por ejemplo, en situaciones difíciles o dolorosas (muy diferentes a las películas entretenidas), el yo recordador entra en alta actividad para resolver problemas.

Veinticinco siglos atrás el Buda intuye que, si reducimos (y eventualmente disolvemos) el yo recordador, el que se silencia en las películas, disminuimos el sufrimiento y abrimos la puerta a la armonía interior. El Buda, por supuesto, no habla nunca de yo recordador e ignora por completo la existencia de una corteza pre-frontal; es más, los antiguos, incluido Aristóteles, consideraban que el asiento de la mente se encontraba en el corazón, no en la cabeza. Pero para el Buda sí es claro que el sentido de identidad es un agregado de partes (cuerpo, sensaciones, percepciones, condicionamientos y conocimientos) que nos crea la ilusión de una individualidad autónoma. La ciencia moderna, aunque por caminos diferentes, también sabe que no hay entidades etéreas detrás del organismo humano.

La palabra sánscrita ‘nirvana’ literalmente significa ‘apagado’ (como el fuego de una vela cuando se sopla).  ‘Nirvana’ se refiere a la imperturbable ecuanimidad que la mente alcanza una vez se ‘apagan’ los deseos desordenados, las aversiones y los prejuicios; esto es, cuando se extingue la hoguera del yo que hemos codificado en nuestra corteza pre-frontal. “Quien triunfa sobre sí mismo es más victorioso que quien en el campo de batalla vence a mil soldados mil veces”, dice el Sabio de la India.

Atlanta, Enero 11, 2014

==================

Mensajes recibidos por correo electrónico

==================

Interesante nota...Es cierto el Buda no explicó el fenómeno que relatas desde la parte científica, sino que lo trata como una ley de la naturaleza, de fácil observación, solo hay que prestar atención a tus sensaciones, sin reaccionar porque todo es impermanente. Con la meditación logramos erradicar todos esos recuerdos (que nos generan sufrimientos o ‘sankharas’ y el yo recordatorio, así como purificar poco a poco la mente, para procurar la paz interior. No sé el tema a profundidad, pero esto es lo que he comprendido con mis cursos de Vipassana.

 

Un abrazo, 

Dora Aponte

==================

Ego, consciencia y eneagrama

 
Hola Gustavo:
Leí tu artículo del yo y me interesó el tema porque lo he estudiado y practicado por mas de 10 años. Francamente me parece que el sicólogo que nombras en tu escrito, anda un poco despistado, no tanto sobre la residencia de los dos yo's, sino en su interpretación. Veamos, para los verdaderos maestros de la espiritualidad o del desarrollo interior, como queramos llamarlos -los budas modernos- esto de los dos yo's o de las dos entidades o individualidades que se perciben en el ser humano, no ofrece ninguna dificultad, ni ningún misterio. Lo explican con claridad meridiana y práctica. 
El que el sicólogo de marras llama el yo operativo o vivencial no es nada distinto que el famoso EGO, que es a su vez lo que llamamos la personalidad, que en griego significa máscara, precisamente porque el ego es una máscara falsa con la cual nos revestimos todos los seres humanos en el transcurso de nuestra infancia, para defendernos en la vida, relacionarnos con los demás, luchar y... es la causa de nuestro sufrimiento. Los maestros, como Buda, enseñan diferentes métodos y prácticas para apagar el ego y así sufrir menos, y de paso mejorar nuestras relaciones y nuestra salud. Por lo tanto, es el EGO (el yo vivencial) el que Buda enseña a apagar a través de sus enseñanzas y de la meditación, no el vaporoso yo recordador del sicólogo.
La teoría de las personalidades (o egos) llamada Eneagrama (que por cierto ya la enseñan en las facultades de sicología en USA), describe con sorprendente precisión y capacidad predictiva, los 9 tipos de comportamientos egóticos o personalidades que existen en la humanidad de todos los tiempos, lugares y razas. Es este ego el que toma virtualmente todas nuestras decisiones, dirige todos nuestros comportamientos y es también el que recuerda y el que olvida. De hecho el ego toma poder de nosotros al final de la infancia, y así permanece hasta la muerte, a menos que la persona reciba el conocimiento que le permita entender esto y atenuar su ego, o desaparecerlo como lo logran hacer los grandes maestros, Buda entre ellos, por supuesto.
Según los maestros, el ego reside en la mente, es decir en el cerebro, y es el compendio de creencias falsas, sentimientos y emociones que vamos adquiriendo y aprendiendo del entorno, nuestros padres, nuestros maestros, nuestros hermanos mayores etc. De acuerdo con el Eneagrama hay tres tipos de Egos Instintivos (en los cuales priman el instinto y la emociones en las decisiones y comportamientos: ejemplos Julián, Carmenza, Gloria, tal vez Carlos padre), tres tipos de Egos Emocionales (priman los sentimientos aprendidos en las decisiones y comportamientos, ejemplos César, tal vez Melba) y tres tipos de Egos Cerebrales (prima el raciocinio en las decisiones y comportamientos, ejemplos Gustavo y Germán). De aquí salen las nueve personalidades humanas, que se repiten con una predictibilidad asombrosa. 
Queda la pregunta del otro yo. Los maestros dicen que ese es el YO VERDADERO, ya que el EGO es falso y se puede eventualmente disolver. El yo verdadero es el que vemos en los niños, el yo inocente, no contaminado. Este yo verdadero parece desvanecerse a medida que se desarrolla el ego, que finalmente, como dijimos arriba toma posesión y control de nosotros. En ese momento, del verdadero yo solo queda aparentemente esa vocecita, que algunos llaman apropiadamente, según los maestros, la voz de la consciencia, porque es la verdadera consciencia, el verdadero yo interior, que es el que renace e ilumina cuando el ser logra apagar totalmente su ego y aparece El Iluminado, el Buda, del hablan los maestros. Ahora, donde reside este yo verdadero, la consciencia? Ahí entramos en el campo de la metafísica, sobre el cual es difícil discutir, pero que me encantaría tratar contigo algún día, porque hay cosas muy interesantes, explicaciones plausibles y respuestas atractivas a las grandes preguntas del ser humano: Quienes somos, qué hacemos aquí, de donde venimos y para donde vamos? Es este yo verdadero, la consciencia, (no el ego) el que se le pierde al sicólogo porque no parece residir en ninguna parte del cerebro.
La siguiente frase del sicólogo "yo soy mi yo recordador; el yo vivencial, el que hace mi vida, es como un extraño para mí”, me parece muy acertada y en concordancia con los maestros, ya que el yo recordador del sicólogo es el verdadero yo, la consciencia, en cambio el yo vivencial, es decir el EGO, es falso (extraño a mi) y se puede eventualmente disolver y desaparecer. El yo verdadero se esconde, se atenúa, pero nunca desaparece porque ese soy yo. Solemos identificarnos con nuestro ego, pero ese es un error fruto de la ignorancia. Yo no soy mi ego, yo soy mi consciencia, y esta puede renacer y brillar, que es cuando se alcanza la Iluminación, que los maestros llaman el despertar o el trascender de la consciencia.
Un abrazo,
César Zamorano

 =========================

Hola Gustavo, gracias por compartir el ultimo escrito.

Me parece a mí que el tema es muy interesante, pero que los comentarios el señor Zamorano se desvían del camino correcto. A menudo utilizamos mucha teoría y el saber de terceros, y olvidamos hacer nuestras propias investigaciones y conclusiones relevantes.

Sin entrar a las complejidades de los sicólogos, parece claro que el yo que observa de instante en instante (en la corteza sensorial) es el que Krishnamurti identificó en su actividad de “atención pasiva” (choiseless awareness). Ese no tiene problemas. El que si genera problemas es el Yo que recuerda.

Lo cierto es que sin el ejercicio de la memoria no seríamos capaces de tener ni pasado ni futuro (que es una proyección mental del pasado). Pero es precisamente ese yo el que nos crea el ego, es decir, esa construcción mental de continuidad, esa sensación creada por la memoria de un ente central que hizo cosas ayer y que creemos es el mismo que hace cosas hoy (falsa percepción creada por la continuidad de la memoria). En mi opinión y experiencia, no es necesario destruir ni atacar esa construcción sicológica que llamamos ego y que es creado por el ejercicio de la memoria. Basta con identificar su existencia y ver cómo y por qué funciona. Entonces, somos capaces de eliminar su presencia esclavizante cada vez que queremos, y somos libres para vivir conscientemente en el aquí y el ahora. Lo interesante es que ese estado voluntario o conscientemente inducido de vivir en el presente ( y por lo tanto de observar el ejercicio de la memoria, que crea los miedos que surgen del recuerdo de hechos vividos y proyectados hacia un futuro ficticio, y liberarse de ellos) es el mismo que existe cuando una persona ha perdido la memoria por completo (amnesia total) y su capacidad de recordar lo vivido (daño en la zona del cerebro que registra las vivencias): en esa persona, el Yo como lo conocemos (ego) desaparece, y ellos viven una vida como la viven los niños pequeños, totalmente presentes. “the eternal sunshine of a spotless mind”!!

Saludos, Mauricio Olivera F.

================================

Muy recomendado.
Preferible si la leen dos veces, como decía Borges que deben leerse los libros, siendo la segunda lectura la verdadera.
Saludos,
RPE

================================

Apreciado gus
El tema es demasiado interesante, solo que es bien dificil.
en este caso estoy mas perdido que el "hijuelimber".
al menos asi decian los cachacos cuando era pelao.
Tratare de averiguar algo al respecto en el proximo lustro.
Abrazos y saludos,
jm
 

================================

Interesantísimo, Gus.
Un abrazo.
Juan M. Pongutá C.
 

​​​​================================