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Brasil 2014 y clonación de tarjetas

Millares de colombianos viajaremos en junio a Brasil para apoyar a y disfrutar de nuestra selección Colombia en el torneo deportivo más importante del mundo. El país anfitrión, cinco veces campeón de la Copa Mundial, tiene fuera de los estadios otro enemigo que amenaza a sus visitantes: La clonación de tarjetas débito y crédito, cuyos delincuentes no desperdiciarán oportunidad para ‘hacerle goles’ a los entusiasmados turistas.

Como víctima que fui de tal delito en octubre pasado, quiero narrar, para beneficio de quienes tienen casi lista su maleta, dos aburridoras experiencias, ambas conectadas con el tema. La primera ocurrió con mi tarjeta débito de un banco colombiano que fue ‘clonada’ precisamente en Rio de Janeiro. Con la copia duplicada los falsificadores sustrajeron de mi cuenta de ahorros casi tres millones de pesos en cuatros transacciones. La segunda, la peor de las dos, fue el tratamiento que recibí del banco cuando presenté mi reclamación.

La reproducción de tarjetas crédito y debito, según un sitio de Internet, tiene dos fases: Una, la clonación misma del plástico y dos, la obtención de la clave de acceso. La clonación dizque se hace con dos equipos: Un pequeño dispositivo lector sustrae la información codificada en la tarjeta original y una segunda máquina copia tal información en otro plástico, dejándolo listo para las estafas. Para robar la clave los ladrones aprovechan, como enfoque más común, los descuidos de los usuarios cuando ejecutan pagos en establecimientos comerciales; el método alterno opera mediante videograbación o hábil observación y registro de la clave mientras se ingresa en los cajeros automáticos.  En mi caso, tanto el ‘robo’ de información por el dispositivo lector como el ‘hurto’ de mi clave ocurrieron en los cajeros que utilicé pues nunca hice pagos con mi tarjeta.

Informé telefónicamente al banco del ‘atraco’ electrónico el 27 de octubre de 2013, cuando, al intentar hacer un retiro, me enteré que tenía fondos insuficientes. Allí comenzó mi calvario. La fecha ofrecida para completar la ‘investigación’ fue incumplida en tres oportunidades. Tras cuatro meses de no sé qué clase de pesquisas y docenas de llamadas y correos no respondidos, el banco concluyó que “el responsable de los retiros cuestionados, necesariamente tuvo acceso directo tanto al plástico como a la clave de ingreso, cuya custodia es obligación exclusiva del cliente”. En otras palabras, el suscrito facilitó el robo y luego intentó estafar al banco inventando que su tarjeta había sido clonada.  

Por supuesto que rechacé semejante ofensa y solicité al banco las direcciones de los cajeros donde los retiros fraudulentos habían ocurrido. La respuesta a esta sencilla pregunta tardó otras siete semanas y difícilmente pudo ser más incongruente: “El banco informa que, tras revisar sus registros y aplicativos, las transacciones se realizaron en un cajero automático internacional del Banco X en la ciudad de Rio de Janeiro, Brasil, pero, por el tiempo transcurrido (desde el delito) ya no es posible obtener dicha información. El consumidor financiero debe presentar su solicitud (de tal información) directamente al Banco X en Brasil.” En otras palabras, el banco colombiano se tomó seis meses para concluir que el ladrón era yo y después, por culpa de su demora, no puede responder una pregunta elemental acerca de los lugares en donde ocurrieron los retiros.

¿Recomendaciones a los viajeros? Consideren utilizar cheques viajeros. Consulten con sus bancos, antes de salir, los pasos a seguir en caso de que sus tarjetas sean falsificadas. ¿Deben tomar seguro? (El mío ¡carísimo! reconoció solo un millón doscientos mil pesos). Sigan las mismas recomendaciones preventivas que existen para el uso de cajeros en Colombia. Exijan al banco que les comuniquen por correo electrónico, mensajes de texto o vía telefónica cualquier transacción sospechosa en sus cuentas. Además, pregunten en ‘su’ banco el proceso, la duración y el tipo de respuesta que recibirán en el desafortunado caso de que el fraude ocurra. ¡Que tengan, compatriotas, una feliz estadía en Brasil y que, como mínimo, Colombia pase a los octavos de final! Y si, desafortunadamente, llegan a ser atracados ‘electrónicamente’, pues ¡que tengan en su reclamo mucha mejor suerte que la mía!

Gustavo Estrada
@gustrada1​

Atlanta, mayo 31 de 2014