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La aceptación de la realidad

El primer paso hacia la solución de cualquier problema es el reconocimiento de su existencia. Muchas molestias, como las dolencias físicas o las dificultades financieras, son tan evidentes que resultan casi imposibles de ignorar. Los problemas de emociones y sentimientos, por el contrario, están tan escondidos en los rincones de la mente que a veces ni sus dueños logran ubicarlos y, cuando los desatienden, las tribulaciones llegan a convertirse en  quebrantos mayores.

Las enseñanzas del Buda están resumidas en cuatro verdades. La primera de ellas establece que la ansiedad, el estrés, la angustia y demás sentimientos dañinos son sufrimiento. Sufrimiento, según el sabio de la India, es el conjunto de sentimientos negativos generados por los deseos desordenados de lo que no tenemos, y las aversiones hacia lo que imaginaria o realmente nos rodea.

Las definiciones por sí solas son inútiles. Dice el Buda: “Cuando me percaté claramente de la verdad del sufrimiento (teoría), de la necesidad de entender la verdad del sufrimiento (aceptación) y de la experiencia real de la verdad del sufrimiento (vivencia) germinaron en mí el conocimiento, el discernimiento y la comprensión íntima”.

El sufrimiento, que con frecuencia resistimos, únicamente se transforma en ‘nuestra verdad’ cuando lo aceptamos y lo soportamos como experiencia directa. Solo entonces podremos tomar acción para también convertir en ‘verdades’ a las otras tres enseñanzas del Buda -(2) la realidad de las causas del sufrimiento, (3) la realidad del fin del sufrimiento, y (4) la realidad el camino para eliminar el sufrimiento- que abrirán la puerta para que la armonía interior entre espontáneamente en nuestra vida. 

En los años sesenta, veinticinco siglos después del Buda, la psiquiatra suizo-americana Elizabeth Kübler-Ross desarrolla, como resultado de su experiencia profesional con enfermos terminales, el célebre modelo que lleva su nombre y que la convirtió en la pionera de los métodos de apoyo y cuidado de pacientes moribundos. Las conclusiones de este trabajo pronto evolucionaron hacia las ‘cinco etapas del duelo’, una extensión de la asistencia a personas en agonía para ayudar también a sus familiares en la desaparición del ser querido. La quinta etapa del modelo de la doctora Kübler-Ross es justamente la aceptación de la realidad dolorosa: “No puedo luchar más y elijo prepararme para el desenlace inevitable”. Los otros cuatro pasos del proceso son (1) negación, (2) ira, (3) negociación y (4) depresión.​  
 

El problema que la sobresaliente psiquiatra maneja no es la muerte misma sino los sufrimientos asociados a ella, bien sea la angustia y la desesperación en las personas cercanas al enfermo, o  el dolor físico y los temores metafísicos del moribundo. La muerte, una vez aceptamos nuestra temporalidad, deja de ser problema. (En verdad ‘mi’ muerte nunca debería serlo; nuestros parientes antropoides carecen de tal temor. “Qué le voy a tener miedo a la muerte si nunca voy a conocerla”, dice el neurólogo Rodolfo Llinás).

El modelo de la doctora Kübler-Ross ha sido criticado en diversos estudios que cuestionan sus etapas o consideran al duelo como un proceso innecesario para muchas personas. No puede haber unidad de criterio alrededor de las emociones finales de los seres humanos, circunstancias estas tan complejas para la mayoría de la gente y tan únicas para cada individuo;  pese a las críticas, la utilidad del modelo ha sido considerable. Prueba de su éxito es la forma cómo se ha extendido a otras áreas de cambio abrupto, distintas de la  desaparición biológica, tales como los divorcios, las pérdidas de empleo y los traumas provenientes de transformaciones organizacionales. En todas las situaciones, la palabra clave es ‘aceptación’. Si el problema tiene solución, la facilita; si carece de ella, ayuda en el manejo del sufrimiento resultante.

Tori Rodríguez, una periodista y psicoterapeuta de Atlanta, ha encontrado en su práctica un número creciente de pacientes que se sienten culpables o avergonzados de sus actitudes o comportamientos negativos. Escribe la psicoterapeuta en la revista ‘Scientific American Mind’: “Tales reacciones son el resultado del sesgo cultural dominante hacia el pensamiento positivo”. Y agrega: "En lugar de ignorar las emociones negativas, aceptémoslas; reconozcamos cómo nos sentimos, sin apresurarnos a querer cambiar nuestro estado emocional". El Buda, con la primera verdad de sus enseñanzas, y Elizabeth Kübler-Ross, con su quinta etapa del duelo, no podrían estar más de acuerdo con la periodista.

Gustavo Estrada 
@gustrada1
Author of INNER HARMONY through MINDFULNESS MEDITATION 
Atlanta, March 6, 2015

Atlanta, marzo 6, 2015​