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Religión, ciencia y consciencia

Las religiones proclaman la existencia de un principio inmaterial, paralelo al cuerpo físico, que de alguna forma genera la consciencia y el sentido de identidad. ¡Misterio resuelto para las religiones! Pero hay diferencias entre las doctrinas en cuanto al rumbo que toma tal principio cuando alguien fallece.

Los budistas renacen en una extensión de la vida que concluye y el destino de la nueva manifestación vital está determinado por el karma, las acciones buenas o malas acumuladas hasta el momento de la transición. Los hinduistas reencarnan en otro cuerpo pero con la misma alma de su etapa anterior. Los cristianos, después de permanecer en cielos o infiernos intermedios, resucitarán con su misma identidad el día del juicio final.

Para la mayoría de los científicos, en contraposición, la consciencia es un fenómeno físico, así todavía no haya ninguna explicación satisfactoria de cómo funciona. “No hay un fantasma en o detrás de la máquina”, dice con humor el filósofo inglés Gilbert Ryle. Y cuando morimos, nos vamos y nos fuimos para siempre.

Entre estas posiciones opuestas, la religiosa y la científica, hay dos aproximaciones interesantes, que queremos resaltar. Veámoslas: La primera es de Max Tegmart, cosmólogo y físico del MIT; la segunda es de Matthieu Ricard, biólogo molecular retirado y monje budista activo.

La teoría de Max Tegmark es novedosa. Los físicos y los químicos han estudiado por décadas arreglos moleculares con incontables variaciones y han encontrado que el comportamiento del conjunto depende de la manera como los componentes  están ordenados. “La diferencia entre un sólido, un líquido y un gas, los tres estados comúnmente reconocibles, no depende de las moléculas mismas sino de la forma cómo están  organizadas”, dice el doctor Tegmark. El hielo, el agua y el vapor son moléculas de H2O pero los vemos y los sentimos diferentes.

Propone este sueco-americano que la consciencia es equivalente a otro estado de la materia, adicional a los tres corrientes; todos los humanos sentimos este cuarto estado o fase pero no nos damos cuenta de su existencia. Perceptronio, el nombre asignado, es este estado de la materia que hace surgir la consciencia y la experiencia de la subjetividad. Agrega el científico que “este estado  no solo almacena y procesa información sino que lo hace de tal manera que conforma un todo unificado e indivisible”. La hipótesis del doctor Tegmark, que ha sido formalmente revisada en el mundo científico, es imaginativa aunque controversial.

Veamos ahora lo que dice el budista. El renacimiento implica el flujo de una corriente continua de consciencia que conecta muertes (o disoluciones) con renacimientos (o reapariciones). “Este encadenamiento”, según Matthieu Ricard, “es como el fuego de un leño que pasa a otro leño, que a su vez enciende un tercero, y así sucesivamente; la llama del último leño no es la misma del comienzo, pero tampoco es una diferente”.

Y agrega: “No hay un hilo atravesando las cuentas del collar de renacimientos. A lo largo de los renacimientos sucesivos, lo que se mantiene no es la identidad de una persona sino los condicionamientos de una corriente de consciencia”. ¿Mi interpretación? El monje está hablando de algo medible o estimable -los condicionamientos- y de una variable -una corriente de consciencia- que quizás podría calcularse al igual que una propiedad física. ¿Hay en el planteamiento del monje alguna influencia de sus antecedentes científicos como biólogo molecular? El doctor Ricard no lo dice.

La consciencia es un fenómeno aún inexplicable que los humanos experimentamos. La ausencia de comprensión, sin embargo, no la convierte en un enigma metafísico, como tampoco son metafísicas las invisibles materia y energía oscuras que reunidas conforman el noventa y cinco por ciento de lo que existe en el universo. Muchas culturas antiguas, ignorantes de las ciencias físicas, adoraban al sol como una divinidad. Ya nadie lo hace.

De hipótesis como la del doctor Tegmark o metáforas como las del doctor Ricard surgen rayos que podrían alumbrar lo desconocido. ¿Estarán correctos  ellos? Quizás no, pero las propuestas de la consciencia como resultado de estructuras moleculares desconocidas o de corrientes sutiles indefinidas bien podrían ser ambas chispas de creatividad que contribuirán a la comprensión futura de la consciencia, el más complejo de los muchos misterios que la humanidad tiene todavía pendientes de aclarar.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Hacia el Buda desde occidente”
@gustrada1



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