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Consciencia material e inteligencia artificial

El Buda considera (siglo V a.C.) que no existen entidades inmateriales paralelas al cuerpo físico y que la mente, generadora de la consciencia, es un sexto sentido. En los años recientes (siglo XXI), con los extraordinarios desarrollos de la inteligencia artificial, algunos genios de la tecnología pronostican que pronto existirán robots con capacidades similares a las de la mente humana. ¿Qué tienen en común estas dos declaraciones? Veámoslo.

La vista, la audición, el olfato, el gusto y el tacto están respectivamente asociados a sus correspondientes órganos sensoriales (ojos, oídos, nariz, lengua y receptores neuronales en diversas partes del cuerpo).  Dichos órganos envían sus mensajes  neuronales al cerebro, donde son percibidos y,  como resultado de ello, podemos ver, oír, oler, degustar y palpar.

Ver es lo que nuestros ojos y los de los animales hacen; oír es lo que nuestros oídos y los de los animales hacen... "Mente es lo que el cerebro humano hace", dice el psicólogo evolutivo Steven Pinker. “Y que el cerebro de los animales no logra hacer”, expande este columnista. La mente es el complejo de elementos del cerebro que recuerda, razona y engendra la identidad. Si la mente es un sentido,  el cerebro es tanto órgano sensorial (generador de las señales de pensamientos, divagaciones,  recuerdos…)  como centro del sistema nervioso (procesador de tales señales).

Con los avances de la inteligencia artificial, la ciencia tiene ya un alto grado de comprensión de la forma cómo podrían operar muchas de las funciones mentales. La tecnología moderna permite manipular volúmenes descomunales de datos para extractar de allí conclusiones que van mucho más allá de la simple capacidad numérica. Los genios más optimistas consideran que la comprensión científica de la consciencia y del sentido de identidad se logrará pronto, en un plazo más de años que de décadas.

Que la mente sea o no un sentido es un tema controversial y no existe acuerdo sobre la definición  de ‘sentido’. El balance corporal y el reconocimiento del calor y la temperatura, entre otros ejemplos, son ‘aspirantes’ a agregar a la lista de sentidos. La propuesta del Buda no es pues la única candidata.

¿Qué relación existe entre la consideración de la mente como un sentido y la posible comprensión de la consciencia a través de la inteligencia artificial? La interpretación de la mente como sentido y el posible desarrollo de máquinas conscientes abren espacios para la comprensión de la naturaleza material de la consciencia.

En el ascenso de la vida, los sentidos aparecieron en una sucesión lentísima, precediendo por millones de años a la mente. El primer sentido en aparecer fue el olfato. Progresivamente, las especies vivientes saborearon, palparon, oyeron y vieron. Hace apenas unos segundos en la ‘eternidad de la evolución’, surgieron los primeros seres pensantes y conscientes de su existencia.

A través de millones de años e incontables mutaciones genéticas, la consciencia resultó como una recompensa evolutiva que favoreció la supervivencia. Según el neurólogo Antonio Damasio, podríamos hipotéticamente comparar dos remotos simios antropoides, uno con algunos indicios elementales de función mental, un poco de historia personal o una comprensión simple de la individualidad, y otro sin rastro mental alguno, ni memoria ni noción de identidad.

El primero, al enfrentarse a una cierta amenaza, no solo experimentó miedo y tomó decisiones instintivas de lucha o fuga, como lo haría cualquier mamífero, sino que también pudo recordar circunstancias similares anteriores y reproducir acciones que ya le habían resultado útiles. Las probabilidades de supervivencia de este primer mono antropoide fueron mucho mayores que las del segundo; cualquier éxito de este último, de memoria muy limitada, fue fruto  exclusivo del azar. Así pudo haber surgido la consciencia.

Asimilando la idea de que la mente se comporta como un sentido, estamos reconociendo la naturaleza material de la consciencia. Por incomprensible que todavía resulte, mente y consciencia fueron fruto de la evolución por selección natural y son engendradas en cada individuo por el extraordinario  súper-programa neuronal que se ejecuta en la corteza prefrontal. El Buda dictaminó hace 25 siglos que no hay entidades inmateriales paralelas al cuerpo humano. Ahora la inteligencia artificial parece estar alistándose para respaldar científicamente la misma aseveración.

 

Gustavo Estrada
@gustrada1
Autor de ‘Hacia el Buda desde occidente’