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​Espacio, tiempo, aquí y ahora

“El pasado ya no existe, el futuro aún no ha llegado. ¡Vivamos el presente! ¡Fluyamos con la vida!”, pontifican muchos misioneros del crecimiento personal.  Tales recomendaciones suenan bonitas y razonables ¿verdad? Pero ¡Qué consejos más inútiles! Por más que lo intentemos, no es posible atornillarnos a nuestro ‘ahora’ ni fluir a propósito por los alrededores de nuestro ‘aquí’. ¿Podríamos, de alguna forma, adquirir tales cualidades?

El asunto es complejo, mmm… No, es más bien sencillo pero lo hemos complicado. El problema no anda por los lados de nuestro cuerpo, que siempre está aquí, sino por los de la súper-inquieta mente que deambula por todas partes. Nuestro cerebro construye el tiempo -pasado, presente y futuro; ayer, hoy mañana- para la supervivencia del todo corporal.

Mientras el tiempo depende de la mente, el espacio es el territorio por donde se mueve el cuerpo. Pero, dado que la mente es función del cerebro y este es parte de nuestro organismo, la segregación mente-cuerpo es inapropiada. Allí comienzan las dificultades. Si integramos mente y cuerpo, o mejor aún, si nos damos cuenta que mente y cuerpo son una sola entidad indivisible… Esa entidad fluirá.

El presente reside en todo el cuerpo, donde percibimos las sensaciones, incluyendo la cabeza donde se manifiestan los estados mentales. ¿Qué tenemos que hacer para estar en presente? Permanecer atentos a tres cosas: a los movimientos y las posturas del cuerpo (rápidos, pausados, incómodas, confortables…), a las sensaciones que percibimos (agradables desagradables, neutras…) y a nuestros estados mentales (concentrados, dispersos, sesgados, imparciales, alegres,​ tristes…). El presente es mirar hacia adentro, no curiosear hacia afuera

La percepción del ahora se puede ejercer mediante la atención total permanente. Cuando vigilamos la mente distraída, la estamos aterrizando, así la distracciones sean remordimientos por lo que hicimos ayer o ilusiones de algo bueno que sucederá mañana. Si la mente se nos escapa, sin importar hacia dónde o hacia cuando, la observación de la fuga ocurre aquí y ahora.

Vivir en el presente tiene mucho más que ver con estar atentos a lo que nos está distrayendo que con intentar encadenarnos al aquí y al ahora. Si sentimos avaricia o envidia, observamos la experiencia de los deseos desordenados. Si sentimos gula o lujuria, advertimos cómo estas se manifiestan en nuestro organismo. Lo que nos sucede en el segundo que está pasando, en el siguiente, y en el próximo son las vivencias. Ni siquiera disfrutamos lo que ya poseemos, cuando nos engolosinamos con lo que no tenemos.

Como ayuda adicional, la observación silenciosa y desprevenida de la respiración es un excelente ejercicio que refuerza la facultad de la atención y es, además, una alternativa viable que nos aterriza en el ahora. El estar atentos solo puede ocurrir en el presente.

¿Son sencillas de aplicar estas recomendaciones? Fáciles de entender, sí. Su aplicación permanente, sin embargo, requiere paciencia y dedicación. La meditación de atención total es un ejercicio intensivo para aplacar las divagaciones y, aun así, mientras meditamos nuestra cabeza se va para… A veces ni siquiera nos damos cuenta para dónde se nos vuela ni por cuánto tiempo, razones estas adicionales para la perseverancia. 

La mente atenta al cuerpo, a las sensaciones y a los estados mentales nos sostiene en el instante real. Cuando así ocurre, la existencia fluye con espontaneidad. Es imposible fluir a propósito evadiendo el presente. No se puede flotar río arriba. Las corrientes de los deseos desordenados y de las aversiones desmedidas nos sacan de las aguas apacibles. Estar aquí y ahora es más estar atentos a las distracciones que están dispersando la mente que ponerle fuerza de voluntad al momento actual.

Gustavo Estrada
Autor de ‘INNER HARMONY through MINDFULNESS MEDITATION​” 
@gustrada1