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De fraudes y ahorros

 

Este escrito se desvía de los temas corrientes de mis notas. Lo escribo por amable recomendación de varios amigos, con la intención de evitar que muchas personas ingenuas y honestas caigan en las garras de otras pocas, avispadas y malhechoras. El evento que resalto es un intento de estafa que me lanzaron e incluyo, además, dos situaciones que, controlando y evitando, nos pueden traer unos cuantos ahorros.

Comencemos con el fraude. Recientemente recibí una llamada de alguien que se identificó como empleada de DirecTV para ofrecerme una excelente promoción que la empresa estaba promocionando entre sus mejores clientes. Según la oferta, que ella denominó ‘Asegure su tarifa’, yo tendría toda la programación completa de DirecTV –HBO, Showtime, Cinemax, etc.- por treinta dólares mensuales, con la única condición de que pagara por anticipado un año completo.

La supuesta asesora de servicio al cliente, que tenía en su poder buena parte de mi información personal, incluido el nombre de mi esposa, ofreció poner en mis televisores todos los canales ofrecidos, para que los recorriera y me diera cuenta de la maravilla de oferta. Ante mi escepticismo de que “de lo bueno dieran tanto”, ella llamó varias veces hasta cuando al fin acepté su demostración.

Efectivamente en mi televisor todos los canales que ella había mencionado. Como esto sonaba imposible, a pesar de estarlos viendo, llamé inmediatamente al 800 de DirecTV y ¡gran sorpresa! minutos atrás “mi esposa había llamado para solicitar la programación completa" (que, por supuesto, cancelé inmediatamente). El fraude era obvio ahora. No entiendo aún como la estafadora tenía en su poder la clave para autorizar el cambio pero sospecho que tenía cómplices desde adentro).  

Como tenía curiosidad de saber la forma cómo la ladrona concretaba el fraude, esperé con interés su llamada que efectivamente llegó dos días después. Le ratifiqué mi interés en su oferta y le pregunté qué seguía después. Yo debería comprar una tarjeta pre-pagada por 360 dólares, en el sitio que ella me daría, y en la siguiente semana un funcionario de ‘DirecTV’ recogería la tarjeta y me llevaría los nuevos equipos que mi programación extendida requería.

Allí le conté que ya sabía de la estafa y que, en vez de mencionar tantas veces a Dios, como lo hizo en todas sus llamadas, se arrepintiera y fuera a confesar sus pecados.



Aprovecho el impulso para comunicar otra situación, también irregular, de la que podemos ser víctimas todos aquellos que llamamos con frecuencia al extranjero y estamos suscritos a alguno de los proveedores alternos de larga distancia. (Me abstengo de dar el nombre porque tengo un reclamo formal en camino).    

Mi esposa y yo hacemos entre dos y cinco llamadas diarias al exterior. Hace varios meses mi cuenta mensual empezó a subir continuamente pero yo no lograba detectar nada anormal. Todas las llamadas cobradas correspondían a teléfonos ciertos de familiares y amigos.  Algunas duraciones, sin embargo, sonaban exageradas.

Como también tenemos acceso al sistema de llamadas desde los teléfonos celulares, se me ocurrió comparar las duraciones de algunas llamadas entre la cuenta de AT&T y la de la empresa de larga distancia. ¿Resultado? Los minutos de la cuenta de larga distancia doblaban a los del celular.

Llamé a hacer el reclamo y para mi sorpresa, sin ningún problema, ubicaron errores por más de dieciocho dólares en dos meses. La corrección fue tan rápida que me tome la impresión de que la sobrefacturación es efectuada a propósito y le devuelven el excedente a la minoría que reclama. He solicitado la revisión de todo el último año y luego cancelaré la cuenta.



Una última recomendación: Cuando envíen dinero al extranjero por una de las empresas que ofrecen hasta ‘tres mil dólares’ por menos de cinco dólares, revisen, por favor, la tasa de cambio que les están aplicando. En las transferencias a Colombia, por ejemplo, la tasa de cambio que entregan (y que la mayoría de los clientes no pregunta) es cincuenta pesos por debajo de la tasa oficial. En otras palabras, en los tres mil dólares les pueden estar quitando a sus familiares hasta ciento cincuenta mil pesos. Si no lo queremos llamar ‘robo legítimo’, es cuando menos propaganda engañosa.  

 

 

Gustavo Estrada

gustrada1@gmail.com

 

 

Autor de ‘Hacia el Buda desde el occidente’