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​Consejos bondadosos e inútiles 

El objetivo principal de la meditación de la atención total es el desarrollo de nuestra facultad de permanecer conscientes de nuestro cuerpo, nuestras sensaciones y nuestros estados mentales. Cuando esto ocurre en nuestra vida diaria, la armonía interior surge espontáneamente y todos los demás beneficios de la meditación –mejor salud, menos estrés, superior desempeño, amable temperamento- son subproductos de su práctica constante. ¿Existen alternativas a la meditación de la atención total que también favorecen la armonía interior? No parece ser así o, al menos, no con el mismo nivel de certeza. 

Todos tenemos allegados que son lectores constantes de libros y revistas de ‘psicología popular’, devotos de algún inspirado misionero, o asiduos oyentes de programas motivacionales. Qué no se nos ocurra hablar frente a ellos de problemas emocionales o mostrar mal carácter en su presencia porque tendremos terapeuta gratuito para rato. Nuestro amigo nos explicará en detalle sus infalibles teorías del éxito o nos describirá con pormenores la aproximación de moda en superación personal.  

Miremos algunas recomendaciones comunes que, para abrir espacio a la armonía interior, hacen estos expertos; usted tal vez las ha escuchado recientemente. La primera sugerencia, bastante repetida por cierto, es “viva el presente, amigo”. Ocurre, sin embargo, que nuestro cerebro no percibe el tiempo; nuestro cerebro construye el tiempo -pasado, presente y futuro- porque nos resulta conveniente para nuestra supervivencia. “El tiempo no está fuera de nosotros, ni es algo que pasa frente a nuestros ojos como las manecillas del reloj: nosotros somos el tiempo y no son los años sino nosotros los que pasamos”, escribe el Nobel mexicano Octavio Paz.

Nuestro presente es nuestro cuerpo, nuestras sensaciones y nuestros estados mentales. Cuando estamos atentos a los movimientos y posturas del cuerpo, a las sensaciones y a nuestros estados mentales, nos encontramos en el presente. La experiencia del presente es el resultado de la atención total y no de una decisión consciente como dar un paseo por el parque o sentarme a ver el noticiero.

El segundo bondadoso y común consejo es “fluya con la vida, sea espontáneo” No podemos ser espontáneos cuando actuamos desde nuestros condicionamientos. Si los deseos desordenados, las aversiones o las opiniones sesgadas están en control, estos condicionamientos toman todas nuestras decisiones sin que siquiera nos demos cuenta; por ello no logramos detener la cuchara aún cuando estamos repletos. Podemos ser espontáneos solo cuando actuamos desde una mente cuyos condicionamientos han sido silenciados por la meditación; solo así fluimos con la vida.  Es imposible ser espontáneo a propósito.

Una tercera exhortación, tan magnánima como inservible, es “acepte las cosas tal como son”. Lo que nos bloquea la aceptación de la realidad son, por un lado, los deseos de cosas que nos faltan o que poseemos pero de las cuales queremos más y, por el otro, las aversiones hacia cosas reales o imaginarias que nos rodean. Aceptación es la ausencia de deseos desenfrenados y de aversiones incontrolables. A medida que la atención plena nos aplaca los condicionamientos, reconocemos la realidad tal como se nos presenta. No podemos admitir, a punta de fuerza de voluntad y sentido común, algo que nuestros condicionamientos dañinos están rechazando.

Los comentarios anteriores no significan que debemos siempre rechazar los bien intencionados consejos de los amigos; ellos tratan de transmitirnos mensajes estimulantes que podrían hacernos sentir mejor o nos ayudarían a ser más amables, tranquilos o saludables. Si ponemos una sonrisa en nuestro rostro, nos sentiremos en verdad mejor que cuando andamos con el ceño fruncido.

Sin embargo, las lecciones de serenidad no sustituyen la meditación de la atención total como la técnica más efectiva para permitir el florecimiento de la armonía interior en nuestras vidas. Sí, en cambio, tales recomendaciones distraen una determinación que deberíamos gastar sentándonos con los ojos cerrados a observar la respiración.

 

Gustavo Estrada
Autor de Hacia el Buda desde el occidente

gustrada1@gmail.com 


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